La neuropatía sensorial provoca insensibilidad ante estímulos normalmente dolorosos y, de esta manera, el paciente puede sufrir lesiones sin apreciarlo. La afectación de los nervios motores origina una atrofia de la musculatura intrínseca del pie y un adelgazamiento de la almohadilla grasa que se encuentra bajo la cabeza de los metatarsianos. Como consecuencia de ello, se producen deformidades de los pies y de los dedos y una prominencia de las cabezas metatarsianas. Inicialmente, esto da lugar a una hiperqueratosis, que es la respuesta del organismo al aumento de presión; con posterioridad se producen hemorragias en el interior de la callosidad y, si el mecanismo no cesa, se produce entonces la úlcera neuropática.

De esta manera, una presión recurrente sobre el pie insensible o neuropático es el factor fundamental del desarrollo de úlceras de pie diabético. Debido a la falta de sensibilidad, el paciente no tiene la capacidad de evitar lesiones. Otros factores clave en el desarrollo de estas úlceras y las complicaciones asociadas con ellas incluyen insuficiencia vascular, cambios del tegumento, cambios ortopédicos y deficiencias metabólicas o nutricionales.

La presión recurrente sobre el pie insensible o neuropático es el factor fundamental en el desarrollo de úlceras de pie diabético.

En el pie de Charcot crónico se producen deformidades, sobre todo en el medio pie debido a la pérdida del arco plantar y al adoptar la planta la forma de pata de mecedora.

La neuropatía autónoma tiene como consecuencia la pérdida de sudoración del pie, tornándose la piel seca, agrietada y con una marcada tendencia a la hiperqueratosis, lo que la hace más susceptible a la lesión. La obstrucción arterial provocada por la arteriosclerosis, que en los diabéticos tiene un desarrollo más acelerado y agresivo, lleva a una disminución del aporte sanguíneo del pie. Las lesiones isquémicas tienden a localizarse en las caras laterales y dorsal del pie, a diferencia de las neuropáticas, que son más frecuentes en la región plantar o en el dorso de los dedos en garra. El mecanismo desencadenante suele ser un pequeño traumatismo y, bastante a menudo, el roce con el calzado.

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